Mostrando entradas con la etiqueta Qué Hacemos?. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Qué Hacemos?. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de febrero de 2011

Los Yukpa de Perijá


Los indígenas Yukpa venezolanos, de acuerdo a datos recopilados por ACP (2010) entre los indígenas yukpa, están distribuidos en 108 comunidades, agrupadas  alrededor de seis centros de referencia (Tokuko, Kasmera, Toromo, Shirapta, Aroy y Tinakoa), en las que viven aproximadamente 6.169 indígenas pertenecientes a 1.463 grupos familiares.

Estas comunidades se agrupan alrededor de seis centros de referencia (Tokuko, Kasmera, Toromo, Shirapta, Aroy y Tinakoa).

Se entiende por centros de referencia agrupaciones de comunidades alrededor de una más importante, más poblada, con mayores servicios (electricidad, transporte público, escuelas, ambulatorios entre otros) y que sirve de referencia a todas las demás que le son adyacentes. Como centro de unidad, donde hay un cacique principal al que pueden recurrir los caciques de menor jerarquía ante situaciones de conflicto.

Su distribución es la siguiente, de acuerdo a datos obtenidos por ACP en consulta con los indígenas participantes en el proceso: 1) El centro de referencia Tokuko, conformado por la comunidad de Tokuko, que es la de mayor número de familias y 53 comunidades adyacentes más pequeñas; con 628 grupos familiares y una población total aproximada de 2.646 indígenas.  2) El centro de referencia Kasmera, conformado por Kasmera, la comunidad más poblada y 5 comunidades adyacentes; con 241 grupos familiares para una población total aproximada de 732 indígenas. 3) El centro de referencia Toromo, conformado por Toromo, la comunidad más poblada y 19 comunidades adyacentes; con 228 grupos familiares para una población total aproximada de 1.035 indígenas. 4) El centro de referencia Shirapta, conformado por la comunidad de Shirapta, que es la de mayor número de familias y 13 comunidades adyacentes más pequeñas; con 245 grupos familiares y una población aproximada de 1.200 indígenas. 5) El centro de referencia Aroy, conformado por la comunidad de Aroy, que es la de mayor número de familias y 7 comunidades adyacentes más pequeñas, con 95 grupos familiares y una población total aproximada de 442 indígenas 6) El centro de referencia Tinakoa, conformado sólo por la comunidad de Tinakoa, con 26 grupos familiares con un total de 114 indígenas yukpa. Los datos del último censo del año 2011 se aproximan a estos números. 

Los Yukpa son el único grupo étnico de filiación Caribe que reside en el occidente de Venezuela.

Los Yukpa o motilones mansos, conocidos así por el corte de pelo y adjetivados como mansos en contraposición con los Barí, han dejado atrás la vida seminómada y se han hecho sedentarios, se casan a muy corta edad, con matrimonios monogámicos y poligínicos (una sola mujer a la vez, pero varias mujeres a lo largo de la vida).

Sus tradiciones son orales y las consideran sagradas pues es el legado de los ancestros que “les enseñaron a vivir y a convivir”. Las transmiten a través de relatos y mitos. Dan mucha importancia a la transmisión de estas tradiciones de padres a hijos junto con el adiestramiento en habilidades y destrezas indispensables para vivir en su entorno, de padres a hijos.

Actualmente, tanto en su vivienda como en la vestimenta, combinan lo tradicional autóctono (choza de dos aguas hecha de palma, vestido de guayuco) con lo criollo occidental (vivienda rural, vestido occidental).

En cada comunidad, de acuerdo a sus tradiciones, existe un cacique, quien toma las decisiones en representación de su comunidad. Además del cacique, existen otras autoridades (curanderos tradicionales, ancianos, maestros) que son respetados y escuchados en la comunidad.

Para regular el orden interno en cada comunidad se establece un conjunto de normas o leyes orales, sustentadas en sus tradiciones ancestrales y, en sus prácticas cotidianas, recurren a la comunidad para decidir en asambleas lo que es conveniente para garantizar la paz, el orden comunitario y las sanciones por la infracción a las normas consuetudinarias.

La agricultura[2], que incluye tala y quema, sigue siendo su principal actividad de subsistencia, complementada por la caza, la pesca, junto con una ganadería mínima y la cría de aves para el consumo familiar. Tienen una artesanía propia de madera, cestería e hilo. Los excedentes del trabajo los intercambian a través de trueque y comercio normal porque conocen y practican los sistemas monetarios de Venezuela y Colombia.

Su sistema originario de salud tradicional y curativa es practicado por un curandero formado de generación en generación con un don para sanar.

En la vida del pueblo Yukpa era muy importante la espiritualidad, entendida fundamentalmente, como relación cotidiana, casi tangible, del indígena, como persona y como pueblo, con lo transcendente.

Los Yukpa, que son Caribes de filiación, pueblo de mar, durante la conquista de los españoles, escapando de la violencia española de los años de la conquista, se refugiaron en las faldas de la Sierra de Perijá y ocuparon las tierras llanas que conforman la cuenca del río Apón denominado Valle de los Macuayes, asentándose definitivamente en ellas en  el año 1733, cuando se fundó la ciudad Villa del Rosario.

Pero, a partir de 1872, cuando los criollos fundaron la ciudad de Machiques y se apropiaron del Valle de los Macuayes, los Yukpa tuvieron que internarse en la Sierra de Perijá.

En el inicio del siglo XX, decretos de Gobiernos dictatoriales e invasiones de hacendados expropiaron a los indígenas de todas las tierras bajas del piedemonte de la Sierra de Perijá.

En menos de 30 años de norte a sur, todas las tierras bajas del piedemonte de la Sierra de Perijá fueron invadidas por los hacendados y algunos comerciantes de la ciudad de Maracaibo.

En 1931 una expedición de banqueros, hicieron una incursión para estudiar los suelos y se comprobó que aquellas tierras eran adecuadas no sólo para sembrar café, maíz y caña, sino cereales de todas clases. A partir de esa fecha comenzó una nueva reducción al Valle de los Macuayes y se hizo la arremetida final para apropiarse a sangre y fuego de todas las tierras llanas y montañas de la Sierra de Perijá, quedando los yukpa venezolanos reducidos a los seis centros de referencia antes indicados.

Dado su temperamento “manso”, el pueblo Yukpa no reaccionó de manera belicosa frente al despojo de sus tierras así como tampoco reaccionó de manera agresiva contra la presencia de los misioneros católicos capuchinos que, desde el siglo XVIII, se hicieron presentes en estos territorios.



[1] Se reconocen dos (2) grupos básicos entre este pueblo: en Venezuela se les conoce como Yukpa y en Colombia como Yuko. Esta división, que no sólo se da en función de una frontera internacional, también es aceptada por los propios indígenas quienes están muy conscientes de las diferencias físicas, culturales y lingüísticas.

[2] Cultivan, de manera especial: yuca, maíz, plátano, ñame y malanga.


miércoles, 2 de febrero de 2011

Los Barí de Perijá

Los indígenas Barí venezolanos[1], también de acuerdo a datos recopilados por ACP (2010) hay alrededor de 805 grupos familiares distribuidos en  trece (13) comunidades ubicadas en la Sierra de Perijá:

o   Cuatro (4) comunidades (Bokshi, Karañakae; Saimadoyi y Bachichida), en las que viven alrededor de 265 grupos familiares con una población aproximada a 990 indígenas barí, ubicadas entre los municipios Machiques de Perijá y los municipios Jesús María Semprún (donde nace la Sierra de Perijá, sector Río de Oro), aisladas, de difícil acceso tanto por caminos de tierra como por agua;

o   Nueve (9) comunidades (Arutatakaee; Girogdoubari; Bakugbarí; Kumandá; Lugdudari; Asogbayi; Senkai; Audoubari; La Campiña), en las que viven 540 grupos familiares con una población aproximada a 2759 indígenas barí,  ubicadas en  la parte baja de la Sierra de Perijá, entre las parroquias Río Negro del municipio Machiques de Perijá y la parroquia Barí del municipio Jesús María Semprún, más accesibles por tierra,  si bien  no todas cercanas de la ciudad de Machiques. La  población aproximada del pueblo Barí es de alrededor de 3749 indígenas.

Los Barí son un grupo étnico de filiación Chibcha, únicos en Venezuela. Se desplazaron desde los Andes colombianos y se asentaron en parte de Colombia y en Venezuela en la Sierra de Perijá (conocida también como Sierra de los Motilones) y riberas del río Catatumbo, ocupando la cuenca del Lago de Maracaibo entre 700 a 400 años antes de la llegada de los europeos al continente americano.

Los  Barí o motilones bravos (motilones por el corte de cabello, bravos por su fiereza) han dejado atrás la vida seminómada y se han hecho sedentarios.

A muy corta edad constituyen su grupo familiar, muy extenso, con matrimonios monogámicos y poligámicos. 
Dentro de cada comunidad administran el trabajo de acuerdo a la edad y sexo.

Los hombres han sido siempre la cabeza del sustento familiar, pues son los encargados de cazar, pescar, sembrar la tierra, cuidar el conuco, construir bohíos (viviendas), cortar las trochas de la selva, hacer los utensilios para cazar y pescar y cualquier trabajo pesado.

Las mujeres se encargan de hacer artesanía (cestas, esteras, telares, faldas, mantos y guayucos), cuidar la casa, cocinar, limpiar y el rol más importante, criar a sus hijos.

Los niños, desde temprana edad, aprenden a usar el arco y la flecha. Cuando saben cazar y pescar son declarados “hombres” para luego, alrededor de los 15 años, ser considerados guerreros diestros en el manejo del arco y la flecha, capaces de sobrevivir por sí solos.

Las niñas, igualmente desde muy temprana edad, ayudan a la madre en actividades caseras, preparándose de este modo para casarse a una temprana edad.

La vivienda tradicional del Barí es el Soaikai comunal, conocido comúnmente como el bohío, con arquitectura ovalada, hecha de bejucos, palma y madera. En el Soaikai, antes, convivían todas las familias de la comunidad, pero en la actualidad su vivienda está constituida por una choza de dos aguas, en la que combinan materiales del mundo occidental (cemento, bloques, zinc) con materiales autóctonos (palma y madera)[3]

Para regular el orden interno en cada comunidad se establece un conjunto de normas o leyes que se originan en sus tradiciones orales. Cuando hay conflictos, la comunidad toma decisiones que el cacique aplica e impone.

La economía barí está basada en el aprovechamiento de los recursos naturales y la preservación del mismo pues los Barí son ecologistas ancestrales, tanto que aún hoy el sistema de cultivos[4], caza y pesca tiene carácter rotatorio, con la finalidad de preservar la tierra y no desgastarla.

Para los Barí, la tierra es la base de su existencia, la vida misma del Pueblo Barí; la cultura no se manifiesta sólo en el conjunto de cosas hechas, sino también en las manos y en la mente de quienes las hacen, en las personas que trabajan, crecen y sueñan.

La medicina tradicional es ejercida por ancianos que, generación tras generación, transfieren conocimientos y prácticas.

Los Barí, de temperamento bravo, son conocidos como un pueblo fiero desde el año 1549 cuando iniciaron una guerra feroz contra los conquistadores que quisieron despojarles de sus tierras. Esta guerra se mantuvo hasta el año 1772  cuando se logró un acuerdo pacífico entre la Gobernación de Maracaibo y, por lo menos, 21 comunidades Barí, gracias a la mediación de los misioneros capuchinos que habían llegado a esas tierras en 1730. Desde 1772 hasta 1813 gran parte de los Barí vivieron bajo el sistema de reducciones, es decir, en pueblos a los que fueron llevados lejos de los colonizadores, pero con la presencia de capuchinos para ser convertidos al catolicismo. Cuando en 1.813 los misioneros españoles tuvieron que salir del país a causa de la Guerra de Independencia, los Barí regresaron al reencuentro de sus hermanos no reducidos que habían quedado en la Sierra.

Allí vivieron casi un siglo en paz, hasta 1906, cuando se inició desde Colombia la explotación petrolera en la línea fronteriza entre Colombia y Venezuela. A partir de entonces, las compañías transnacionales del petróleo, por un lado, y los ganaderos y  latifundistas de Machiques, por otro, hicieron una nueva colonización: arrinconaron a los barí en pequeños territorios e invadieron el resto. Se reinició la guerra. Los barí no dejaron con vida a ningún blanco que penetrara en su territorio. Al final los Barí terminaron derrotados en esta guerra desigual (flechas contra fusiles y aviones) y perdieron dos terceras partes de su territorio que tuvieron que ceder a las compañías mineras y petroleras[5]. 

En 1960, con el regreso de los Misioneros Capuchinos, los Barí firmaron con los hacendados de Machiques, con la presencia de los misioneros, en Aricuaizá, un acuerdo de no agresión contra los usurpadores de sus tierras. Fue el pacto de la “paz blanca”, como la llamó en 1970 el etnógrafo francés Robert Jaulin. Comenzó de este modo la segunda etapa de la “pacificación barí” a través de la presencia de las misiones católicas de los capuchinos y de las religiosas de la madre Laura. Los barí fueron catequizados y aprendieron el castellano.  




[1] El pueblo barí también está en territorio colombiano.

[2] Este número es muy aproximado, pues  durante el último censo algunas comunidades barí se resistieron a ser censadas.

[3] Últimamente están siendo sustituidas estas viviendas por los modelos construidos por los gobiernos, viviendas campesinas de bloque de cemento.

[4] Sus cultivos principales son ñame, plátano y, sobre todo, piña.

[5] Sobre los Barí que viven en territorio colombiano afirma Hortensia Galvis (1995): Los indígenas barí llegaron a la segunda mitad del siglo XX sin haber tenido influencia de la civilización del blanco. Tuvieron fama de belicosos porque forastero, que ponía el pie en su territorio, nunca salía con vida. Fue el filósofo y antropólogo Bruce Olsson el primer hombre blanco que en 1961 entró en contacto con los barí colombianos. Ninguno antes de 1961 había salido con vida. Bruce Olsson, llamado por los Barí Taigda Yado, muy querido y estimado porque pagó el estudio y la estadía a 400 indígenas que hoy son profesionales y que se encuentran integrados a la selva, les organizó  cooperativas para vender sus cosechas y les dio la posibilidad de ser bilingües y biculturales al hacer la transcripción de la lengua barí en signos castellanos. Esta es la razón, según la autora por la que los barí venezolanos solicitaron a los barí colombianos que les enviaran un anciano para enseñarlos de nuevo a ser barí porque “se les había olvidado cómo ser indígenas” y “las enseñanzas de las monjas los habían dejado en el limbo, convertidos solo en simulacro de civilizados”. Según cuenta la autora, los barí colombianos, viendo la situación de los barí venezolanos, enviaron a un anciano barí colombiano para enseñar a los barí venezolanos a ser de nuevo barí. El anciano, después de intentarlo, reconoce su fracaso: hay cualidades interiores que, cuando se pierden, no pueden ser recuperadas nunca.